AlbaItinerario: Sotu de Agues- Puente del Retortoriu- Foces de Llaimo- Cruz de los Rios
Dificultad: Baja. Distancia: 7,1 Km (Ida y Vuelta). Duración: 4h 40min. (Ida y Vuelta)
Por su belleza y fácil andadura, la Ruta del Alba se ha convertido en uno de los elementos
emblemáticos del recientemente declarado Parque Natural de Redes.
En Sotu de Agues, hermoso pueblo de hórreos, corredores y balaustres de castaño a solo 2km de
Rioseco, capital municipal, se toma un ancho camino por el que el tránsito rodado se ha restringido
exclusivamente a los vehículos agrarios. Esta vía era el paso utlizado de antiguo por pastores y
arrieros para alcanzar el valle del vecino del Aller.
Pasada la piscifactoria, el camino se interna ya en las angosturas del río Alba. A ambos lados las
laderas aparecen cubiertas de castañedos y pequeñas manchas de roble. En las laderas más altas
pueden observarse, en las primeras horas de la mañana, o del atardecer, ejemplares de rebeco, especie
que constituye una de las mayores riquezas cinegéticas del concejo.
Enseguida se alcanza el paraje del Campurru, donde aún se conservan las ruinas de los cargaderos de
la mina Carmen, situada en la loma de Pandenes en pleno monto de Llaímo. Duro Felguera extrajo
hierro de esa explotación desde el año 1922 hasta 1967. El mineral se transportaba por el camino hasta
Rioseco y desde aquí a Laviana por un Ferrocarril minero propiedad de la empresa y hoy ya desmontado.
A poco menos de media hora de los cargaderos se alcanzan las brañas de La Vega, encrucijada de
caminos donde finaliza la pista, tomándose al frente un estrecho sendero que penetra en las Foces de
Llaímo. A partir de aquí, el camino discurre entre altas paredes verticales, de cuarcita al principio y
calizas después, entallado a lo largo de voladizos excavados en la roca y bordeando un arroyo
torrencial en el que se suceden cascadas de hasta 10 metros de altura, rápidos y pozos como los del
Covallón, el Calvu, les Lleroses o la Sapera. A ambos lados de la senda crecen en fisuras y rellanos
numerosas hayas, tejos, escuernacabras, mostajos y tilos. Si se presta atención podrán encontrarse
incluso, en las rezumantes paredes rocosas, numerosos ejemplares de una planta carnívora fácilmente
reconocible por los restos de pequeños insectos.